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Para iPhone
En Ilustrae hablaban el otro día del Compact Cassette en una entrada de su divertida serie “cosas que dejaron de existir”.
La palabra casete, cassette, o caset viene del francés cassette y significa “caja pequeña”, un invento de la marca Philips, del año 1963, que licenció el formato gratuitamente, y que en muy poco tiempo se convirtió en el estándar de grabación frente a otros medios
En 1971, Advent Corporation introdujo su modelo 201 que combinó la reducción de ruidos Dolby tipo B con una cinta de dióxido de cromo (CrO2). El resultado fue un formato apto para el uso musical y el comienzo de la era de casetes y reproductores de alta fidelidad.

Philips introdujo después el Compact Disc en los ochenta, y con menos éxito lo intentó con una versión digital del casete compacto ya en los noventa, el DCC.
Philips lo está intentando ahora con los lectores digitales a través de la empresa que creó para investigar con la tinta electrónica, iRex Technologies. Tras un tiempo con iLiad, ha lanzado recientemente un nuevo dispositivo de lectura llamado Digital Reader 1000.
En su presentación no se habla de lector de ebooks, sino de lector digital como su nombre indica, un acierto porque además está orientado a la lectura de documentos con su gran pantalla equivalente a una hoja DIN-A4.
Sin embargo, del mismo modo que fue Sony quien se llevó el gato al agua con el cassette gracias a su Walkman, un gran invento en portabilidad, parece que está siendo Apple quien está triunfando en el concepto de “lector digital” por encima de muchos otros dispositivos diseñados para la lectura.
La ventaja de los lectores de tinta electrónica es que sus pantallas se diseñaron específicamente para la lectura. No emiten luz, no cansan la vista. Pero estos dispositivos languidecen ante los dos puntos fuertes del iPhone/iPod Touch en este sentido: conexión a Internet y manejo intuitivo con interfaz táctil (aunque los lectores ebook también están comenzando a incorporar pantallas táctiles).
Kindle sí está atacando en lo primero, dispone de una conexión permanente, pero no a Internet, sino a Amazon, y no tiene libre acceso a los contenidos publicados en la red, sino sólo a unos pocos y a través de servicios de pago, aún cuando son gratuitos en Internet.
Readius también lo está intentando, con su lector de bolsillo basado en una pantalla flexible de tinta electrónica que se enrolla. Es capaz de leer libros, fuentes RSS y emails, pero no parece un producto demasiado convincente.

Así que iPhone se está convirtiendo en una de las mejores opciones de lector digital, incluso en los libros digitales, para los que dispone ya de múltiples y muy buenas opciones desde que Apple publicó el kit de desarrollo (SDK).
Android podría ampliar esta oferta en el futuro con nuevos dispositivos, al menos hasta que alguien desarrolle un producto que combine de forma eficaz lectura y mobilidad, como el que sugería hace un tiempo TechCrunch.
Es algo que los que leemos contenidos digitales estamos pidiendo a gritos, pero nadie nos oye.

Este número hemos querido dedicarlo a los libros. Se está produciendo una revolución silenciosa en el seno del mercado editorial, una revolución que está a punto de estallar, haciendo tambalear los cimientos de toda una industria. Una industria que, por otra parte, se muestra reacia a evolucionar por miedo al cambio. Internet se perfila como la nueva vía de promoción en este mercado, y la tinta electrónica, como tecnología base para abandonar el mundo analógico en pro de un sistema más versátil, rentable y ecológico.